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Editorial

El día 13 de este mes se han cumplido 3 años de la toma de posesión de Jorge Rodríguez como alcalde.

Las elecciones de mayo le dieron la mayoría más

amplia que ha tenido un alcalde en la democracia: 14 concejales; tres por

encima de la mayoría absoluta. Hecho que le ha servido para alcanzar la

presidencia de la Diputació de Valencia. Todo esto fue debido a la cantidad de

apoyos que tuvo tras el hundimiento del Partido Popular, por casos de

corrupción, por mala gestión de la campaña electoral y, sobre todo, por las

peleas internas que destrozaron el PP local.

Este entusiasmo que suscitó Jorge Rodríguez ha ido perdiendo apoyos

paulatinamente ante la cantidad de ocurrencias y malas formas del equipo

municipal. Un equipo que cuenta con muchos liberados, nos cuesta mucho

dinero a los contribuyentes d’Ontinyent y que, en ningún caso, se justifica con

la labor desempeñada.

De la mayoría de concejales que cobran no sabemos nada de lo que han hecho

durante tres años y, esto, nos ha costado que la presión fiscal en Ontinyent sea

horrorosa: quitan aparcamientos para inflarnos a multas y que paguemos, sin

otras alternativas, la zona azul. Un dinero reclamado el de la zona azul que en

ningún momento sirve para que en el barrio de Sant Josep tengamos

aparcamientos públicos.

En tres años de gestión, ¿cuál sería el balance? Sería el de una legislatura

fallida.

Las pocas promesas de un programa electoral inexistente no se han cumplido.

No se ha iniciado el Hospital que reclamaba tan urgentemente el actual

gobierno d’Ontinyent cuando Camps vino a presentar a la ciudad la maqueta.

Una maqueta que ahora ni si quiera presentan. Del encauzamiento del Rio

Clariano, ni hablamos. El modelo de reindustrialización d’Ontinyent para Jorge

Rodríguez es una quimera. El modelo educativo, es de risa. Se ha tenido que

desalojar un colegio por la imprevisión y la falta de peso en la Gneralitat.

Del tráfico solo tenemos que ver los cartelitos de desvío hacia Bocairent y hacia

el Polideportivo municipal. Unas indicaciones que son, como poco, una

tomadura de pelo. Sin contar que cortan calles, prohíben aparcamientos y nos

hinchan a multas. Por si no fuera suficiente, las barreras e indicaciones

permanecen en las calles durante días y días sin que nadie se las lleve.

Además, cabe resaltar la obsesión casi enfermiza del oscurantismo en la

gestión, la obsesión por acallar a los medios disidentes y el desconocimiento

total, por parte del gobierno de la ciudad, de lo que es la democracia.

A todo ello y mucho mas, añadiremos la poca relevancia de la labor de la

oposición, que ha hecho posible que ocurran estos desmanes.

Esperamos que los Ontinyentins, que son sabios, corrijan esto en las urnas y

nos devuelvan la libertad.

Publicado en Local 14 / 06 / 2018