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Editorial

Para Ontinyent esta semana ha sido especialmente difícil por la falta de planificación del ayuntamiento en los trabajos de la vía pública.

En la zona de

Martínez Valls, concurrieron la instalación de la alegoría de la bandera del

orgullo gay, las obras de Pio XII, que no se termina de entender cuál es su

ritmo, el cambio de bombillas al mismo tiempo y un caos de circulación

difícilmente explicable, acompañados de la no recogida de la basura por

impagos a la empresa que hace el servicio. Pero, como hemos dicho, al equipo

de gobierno esto le importa bien poco. Si a esto unimos la negativa a informar

a los ciudadanos en el principal medio de comunicación, que somos nosotros, el

lío está formado.

Y queremos volver a reflexionar sobre las acciones que el ayuntamiento

emprende en Martínez Valls, teóricamente para fomentar el comercio. Ellos

dirán que no son responsables porque lo hace la Asociación de Comerciantes.

Que no nos engañen, esto va subvencionado y aplaudido por los gobernantes

municipales y, preguntamos: ¿Esto sirve para fomentar el comercio en la zona?

Creemos sinceramente que no. De entrada nos hemos encontrado con una

semana en que los comerciantes apenas han podido vender por las dificultades

de acceso a la zona. Segundo, la alegoría de la bandera arcoíris puede tener

mucho impacto en la población gay, pero poco en la gente que normalmente

consume en Ontinyent. La guerra se debe realizar en el terreno de la publicidad

y los medios de comunicación, en el terreno de la excelencia, del comercio local

frente a las grandes superficies y en el terreno de facilitar el acceso a las zonas

de comercio tradicional con incentivos para el aparcamiento y la información de

los grandes profesionales que tienen dicho comercio. Lo demás, busca

políticas inconfesables, que no decimos para que no se nos mal interprete,

porque la libertad sexual es un derecho inalienable que desde aquí siempre

defenderemos.